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Éli Lotar fue un fotógrafo y cineasta francés que participó en el movimiento surrealista.1

Hijo del poeta Tudor Arghezi realizó estudios de derecho en Bucarest hasta que en 1924 decidió trasladarse a vivir a París al estar más interesado en el cine, con 21 años decidió adoptar la nacionalidad francesa. Comenzó sus estudios de fotografía con Germaine Krull que se convertiría en su pareja y tras su decisión de dedicarse a la fotografía junto a Krull inició sus colaboraciones en revistas como Jazz, Varietés, Bifur o Documents. También realizó numerosas exposiciones con André Kertész y dirigió sus intereses hacia el surrealismo. Una de sus obras más conocidas ilustra la palabra Abattoir en la revista diccionario Documents de Georges Bataille y la realizó en 1929.3 4 Entre 1930 y 1932 compartió un estudio fotográfico con Jacques-André Boiffard pero lo abandonó al no desear continuar con el retrato.

Semiolvidado durante décadas, el francés Eli Lotar (1905-1969) practicó un crudo pero poético naturalismo de callejones, pobreza, prostíbulos, mataderos... Compañero de viaje de los surrealistas, era un apasionado documentalista que no establecía diferencias entre la fotografía y el cine, ambos desprovistos de artificios. Exponen en París la primera retrospectiva sobre la obra del camarógrafo que trabajó con el español Buñuel en el documental sobre Las Hurdes de 1933.

 

Para Eliazar Lotar Teodorescu, que como artista adoptó la identidad de Eli Lotar (1905-1969), el documental, tanto en fotografía como en cine, era la forma más perfecta de compromiso con la realidad. De familia rumana —padre poeta y madre especializada en las vanguardias— pero nacionalidad francesa, Lotar fue uno de los más activos y brillantes artistas de las décadas de entreguerras, practicando un crudo pero siempre lírico naturalismo, retratando a la población precaria y colaborando con algunos de los grandes del surrealismo.

Aunque dejó una obra amplia y en varios medios —tomaba la cámara de cine o la de fotos sin trauma ni cambio de estilo—, la figura de Lotar cayó en un inmerecido olvido que ahora rompe el museo parisino Jeau de Paume con una retrospectiva que tiene carácter de redención y rescate. Del 14 de febrero al 28 de mayo, la muestra, con un centenar de copias originales de época, es un "testamento" pendiente, dicen desde la pinacoteca. Además de fotografías, sobre todo de la época más prolífica y brillante de Lotar (1925-1932), gran parte de ellas nunca mostradas en un museo, la exposición es un "fresco visual" que presenta diarios y revistas en los que colaboró al artista y las películas en las que participó como director de fotografía, entre ellas Las Hurdes, tierra sin pan, el polémico documental dirigió por el español Luis Buñuel en 1933 que se consideró uno de los más dramáticos de su tiempo al mostrar una zona especialmente deprimida de la España rural.

La pieza, de media hora de duración, impactó a la sociedad y escandalizó a la opinión pública hasta que empezaron a emerger las manipulaciones y trampas del director, que intentó justificar Lotar con una pobre excusa cuando se descubrió el montaje: "Todo está reconstruido, elaborado, interpretado. Los campesinos hurdanos interpretan como actores sus propios papeles". Ayudante y amante de Germaine Krull Después de abandonar los estudios para intentar ser abogado y aprender técnica fotográfica como ayudante y amante de Germaine Krull a finales de los años veinte. En poco tiempo, el joven dominaba el lenguaje de la imagen europea moderna y, en palabras del novelista Pierre Bost en el catálogo de la retrospectiva, se dedicó a "descubrir lo no familiar en lo familiar". Aunque creía en el realismo, nunca dejó de añadir un deje de extrañeza y onirismo a las imágenes Patas de ganado vacuno sacrificado en el matadero Incesante explorador del área industrial de París y los barrios más pobres de la ciudad, retrató a matarifes y habitantes de las zonas miserables, pero siempre dejó abierta posibilidad del choque imprevisto de lo surreal: una mano con un erizo de mar, patas de ganado vacuno sacrificado en el matadero apoyadas contra una pared, anotaciones con humor sobre la vida urbana, las piernas cortadas de un maniquí sobre el empedrado de adoquines, fotomontajes, una joven desplomada sobre una mesa de cafetería en Madrid —ciudad que visitó con frecuencia: retrató a La Pasionaria en un mitín en 1936—... Colaboró con Artaud, Bataille, Giacometti, Renoir... También exploró las nuevas trampas de la modernidad: aviones, barcos, trenes, ferrocarriles, señales de tráfico...; colaboró con poetas, artistas y escritores, entre ellos Artaud, Bataille y Giacometti; con otros directores de cine —Ivens, Cavalcanti, Renoir...—, y firmó personales reportajes sobre hospitales de sordos, mudos y ciegos y el barrio de prostitución de La Villette. Dualidad entre realismo y lirismo El trabajo de Lotar "sigue la tradición del reportaje documental", pero "tiene paralelismos con el movimiento surrealista, a través de la dualidad entre realismo y lirismo". Además, fue "testigo de la injusticia social y la pobreza", mostró el "impacto en la vida cotidiana del progreso industrial".

 

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